Cuando crees que ya todo esta resuelto te das cuenta de la verdadera realidad, una en la cual tu alma es presa de tu cuerpo, no la deja expresar libremente y la reprime en la mayoría de sus impulsos. Tenemos un sin fin de deseos que queremos realizar, que nos brindarían placer y felicidad (en cualquier de los casos, alegría, ya que la felicidad plena no existe). No podemos hacer nada de esto, nos bombardean de sentimientos encontrados para frenar en seco nuestro camino a lo alegre. La pena, la culpa y otro sin fin de cosas creadas en el mundo de los débiles nos atan al carácter humano que encierra la tristeza y el fracaso.

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